Lo primero que se piensa cuando se habla de servicios financieros y sus principales proveedores, es la supuesta competencia existente entre los bancos tradicionales y las empresas Fintech.

Aunque ambos tienen la finalidad de satisfacer la demanda de los clientes en términos de velocidad, eficiencia y experiencia del usuario, también cuentan con beneficios inherentes y ventajas particulares.

Por otro lado, a pesar de que la inclusión financiera a nivel mundial apenas alcanza el 69% de acuerdo con datos de la última medición del Global Findex del Banco Mundial, en los últimos 10 años las Fintech han captado alrededor de 40 millones de clientes a nivel global.

Asimismo, algunos estudios e investigaciones destacan la intención de 8 de cada 10 usuarios de la banca tradicional por migrar hacia los servicios que ofrecen las Fintech sobre todo por la flexibilidad y fácil acceso que representan; sin embargo, también encuentran limitantes como la incertidumbre que generan estas empresas al no estar plenamente reguladas.

ahora bien, sí existe algún responsable de generar una supuesta rivalidad entre ambos segmentos, ese no es otro sino el Covid-19, que impulsó ciertas tendencias entre los consumidores de servicios financieros, tales como las experiencias on demand y digitalizadas, los servicios hiperpersonalizados y la asistencia continúa de 24 horas.

A esto habría que sumarle cifras como las que plantea McKinsey, que indican un aumento en la banca móvil de entre el 20% y el 50% tras la pandemia, así como una reconfiguración en las preferencias del cliente, las cuales hasta en un 71% apuntan a interacciones multicanal y en un 25% a experiencias completamente digitales con la banca.

Todos estos elementos yacen como promotores de una competencia que solo está en aquellos que han decidido ver así la coexistencia de bancos y las empresas que usan tecnología para prestar servicios financieros.

Incluso, recientemente un análisis de KPMG titulado “Desarrollo Fintech en México” fija en casi 50% la creencia de una competencia directa entre ambas entidades financieras, y otro 26% en que a futuro lo será.

No obstante, hay muestras para pensar lo contrario. Por ejemplo, en México hasta hace algunas semanas estaba en operación el llamado “Banco de las Fintech”, el cual perdió su licencia como institución de banca múltiple y con ella su modelo de negocio de Banking as a Service (BaS), el cual le permitía tener alianzas con empresas como Rappi, Cuenca, Billpocket, Sr. Pago, Okredito, Paypics, entre otras.

En varias oportunidades el mismo sector financiero ha reconocido a las Fintech como aliadas estratégicas que, a través de la colaboración, no solo pueden presentar mejores opciones para los clientes, sino también hacer frente a los gigantes tecnológicos.

Finalmente, aunque existen marcadas diferencias entre las Fintech y la banca tradicional como son la manera de hacer negocio, las regulaciones, el potencial de crecimiento y los factores de riesgo; también yacen ventajas en potenciales colaboraciones, sobre todo en materia de innovación tecnológica para mejorar servicios.

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